sexta-feira, 25 de maio de 2007

La libertad de los aprisionados


Hoy en día jugar en la calle es un privilegio de niños de ciudades pequeñas y tranquilas. Las capitales del mundo han puesto la posibilidad de disfrutar de horas de sol en una lista peligrosa, donde las consecuencias de jugar al aire libre pueden ser bastante graves. El miedo al secuestro, a la agresión, a la muerte, acechan a los que salen a las calles desprotegidas de las grandes metrópolis. Los únicos que tiene horas de sol seguras son los detenidos en las cárceles superpobladas. Los ricos tienen espacio, pero no saben qué hacer con él; los pobres saben qué hacer, pero quieren divertirse como los ricos, en el ciberespacio, dirigiendo muñecos capaces de matar criaturas irreales y volar de un simple salto. La pobreza fomenta la creatividad. Los niños adinerados de ciudades grandes no ejercitan el cuerpo a través de los juegos, son hábiles con los dedos y con las combinaciones binarias, pero la capacidad de creación e recreación sale solamente de la pantalla. La computadora nos atrofia los dedos y nos tuerce la columna. Nos seca los ojos con esa luz mágica, producto de miles de combinaciones de ceros y unos.
Este niño es una privilegiado. La imagen nos inyecta libertad por los ojos. Un "nene" joven que ve la vida como tendría que ser vista: sin preconceptos, sin horarios, sin preocupaciones, libre e inmune a cualquier preocupación geopolítica, económica, social, moral, profesional, etc. No se preocupa por la relación del dólar con las otras monedas. No tiene que ocuparse, por ahora, en decidir por una carrera que se adapte al implacable mercado de trabajo, ni tiene que pagar las miles de cuentas que la sociedad decidió imponer. Él juega, salta, corre, ríe. El peligro le es inconsciente, así como le es inconsciente la felicidad. Y además no tiene la infelicidad de saber que no sabe que es feliz.
Feliz del niño, feliz de la felicidad y pobre de nosotros que sabemos lo que es la felicidad, sabemos que no es fácil alcanzarla y seguramente no sabremos qué hacer con ella cuando la conquistemos. Nosotros queremos problemas. Son los problemas que hacen el día a día un desafío y vencerlo es lo que nos reconforta. Por lo tanto, que jueguen los niños que aún son niños! Juguemos! Busquemos al niño escondido dentro de nosotros y aprovechemos los días de sol para salir mientras es posible. Los hechos nos muestran que el salir, así como el jugar, es privilegio de estas generaciones. Usemos ese privilegio mientras podemos.


En la burbuja del poder

En el océano de los que necesitan, las islas de los que más tienen tienden a convertirse en lujosos campos de concentración, donde los poderosos sólo se encuentran con los poderosos y nunca pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunas de las grandes ciudades latinoamericanas, donde los secuestros se han hecho costumbre, los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de televisión. Viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista, la ciudad donde viven. Descubren el subterráneo en París o en Nueva York, pero jamás lo usan en San Pablo o en la ciudad de México.
Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido ese vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras del privilegio, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y peligrosa. En plena era de la globalización, los niños ricos no pertenecen a ningún lugar. Crecen sin raíces, despojados de identidad nacional, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es una amenaza. Tienen por patria las marcas de prestigio universal y por lenguaje los códigos internacionales. Los niños ricos de las ciudades más diversas se parecen en sus costumbres, tanto como entre sí se parecen los shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, los niños ricos se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que sólo existe para ser temida o para ser comprada.
Desde que nacen, son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las máquinas son más dignas de confianza que las personas. Fast food, fast cars, fast life: mientras esperan que llegue la hora del ritual de iniciación, cuando el primer Jaguar o Mercedes les sea regalado, ellos ya se lanzan a toda velocidad a las autopistas cibernéticas, a toda velocidad compiten en las pantallas electrónicas y a toda velocidad devoran imágenes y mercancías haciendo zapping y haciendo shopping.
(Eduardo Galeano, Brecha 557, Montevideo, 2 de agosto de 1996.)
Sacado del site: http://patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/escritos/los.prisioneros.htm

segunda-feira, 21 de maio de 2007

Luzes da cidade


Morar no interior do Estado (ou de um País) não é fácil. Eu morava no interior do Uruguai. Os que lá vivemos sabemos que chegará um momento em que teremos que partir, procurar uma cidade com faculdade e por lá ficar. Para nós, que viemos do interior é assim. Chegado o momento, sem questionamentos nem indignação e com um conformismo atípico... partimos. Esperança? Sim, de rápida adaptação. Partir não é uma coisa fácil. Muitos finais de semana deixarão de ser vividos na nova cidade para matar a saudade da família e dos amigos deixados atrás. É isso o que mais faz sofrer: a falta dos amigos e da família; viver só entre milhares de pessoas.
A imagem resume toda a mistura de sentimentos que sinto ao deixar o lar. O momento não poderia ter sido mais romântico: está anoitecendo e as luzes da rua iluminam o asfalto. O sol deixa de iluminar o céu. Penso que é uma imagem que será olhada de forma diferente pelos que já não moram mais na cidade onde nasceram e os que ainda moram nela. São duas sensações. A melancolia e o saudosismo. Ao ver a foto sinto-as ao mesmo tempo, simultâneas. O desejo de voltar, as lembranças da infância, imagens de amigos e personagens da adolescência vão surgindo na velocidade do pensamento, assim como vai surgindo e crescendo dentro de mim uma vontade imensa de voltar à antiga casa, aos amigos que já não moram mais lá, às festas que já não são as mesmas e, principalmente, emana de forma quase palpável, uma vontade incontrolável de ser o que éramos naquele então. Impossível. Mudamos! A cidade mudou, os amigos mudaram, nós não nos reconheceríamos se nos víssemos nesta etapa da vida. O conflito entre a idéia do que éramos e a realidade que nos bate no rosto ao ver as mudanças nos nossos amigos, na nossa família e na nossa cidade se apresenta numa mistura de emoção, medo, curiosidade e adrenalina. Triste e agradável.
Qualquer uruguaio como eu é capaz de ver esta imagem e saber que se trata de uma rua de lá. A estrada iluminada pela luzes quase amarelas ao anoitecer (porque, como diria Galeano, nessa hora as luzes são mais luzes) e a calçada decorada com pedras brancas e pretas criando formas características da paisagem urbana oriental diminuem a distância entre esta cidade e a antiga, entre o presente e as lembranças de um passado que, por pior que tenha sido, foi maravilhoso.

A fotografia me fez lembrar de um conto do Galeano que li há pouco: Rojo, Amarillo y Verde. Pra quem quiser...

De la noche a la mañana ocurrió: unos palos con tres ojos brotaron en las esquinas de la calle principal. Nunca se había visto nada semejante en el pueblo de Quaraí, ni en toda la región de la Frontera.
De a caballo, venidos de lejos, acudían los curiosos. Ataban los caballos en las afueras, por no molestar el tránsito, y se sentaban a contemplar la novedad. Mate en mano, el termo bajo el brazo, esperaban la noche, porque en la noche las luces eran más luces y daba gusto quedarse y mirar, como quien mira las estrellas naciendo en el cielo. Las luces se encendían y se apagaban siempre al mismo ritmo, repitiendo siempre sus tres colores, uno tras otro; pero aquellos hombres de campo, indiferentes al paso de los automóviles y de la gente, no se aburrían del espectáculo.
- El de aquella esquina es más lindo – aconsejaba uno.
- Éste de aquí demora más – opinaba otro.
Que se sepa, ninguno preguntó nunca para qué servían esos ojos mágicos, que parpadeaban sin cansarse nunca. (página 195)
(Galeano, Eduardo. Bocas del Tiempo. Montevideo: Ediciones del Chanchito, 2004. 349 p.)

Mais um: La ruta de los salmones

A poco de nacer, los salmones abandonan sus ríos y se marchan a la mar.
En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje de regreso.
Desde la mar, remontan los ríos. Guiados por alguna brújula secreta, nadan a contracorriente, sin detenerse nunca, saltando a través de las cascadas y de los pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.
Vuelven para parir y morir.
En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Llegan convertidos en peces enormes, que del rosa pálido han pasado al naranja rojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.
El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco su lugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destino están cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de grava y rocas. Los salmones han cambiado y su lugar también ha cambiado. Pero ellos llevan millones de años creyendo que el regreso existe, y que no mienten los pasajes de ida y vuelta. (Página 221)

(Galeano, Eduardo. Bocas del Tiempo. Montevideo: Ediciones del Chanchito, 2004. 349 p.)

terça-feira, 8 de maio de 2007

La niña de Guatemala



A primeira coisa que me veio à mente quando vi a foto tirada pelo Roberto foi a lembrança do que eu tinha imaginado ao ler o poema "La Niña de Guatemala" do cubano José Martí. Lembrei porque lembro que imaginei, em algum momento da poesía, sapatos como esses. Pequenos sapatos brancos, gastos, que protegem os pés de uma menina delicada e bonitinha. Porque ela é delicada e bonitinha e mais, as bochechas rosadas contrastam com os pequenos dentes brancos que aparecem quando ela sorri. A menina de Guatemala (la niña de Guatemala) morreu de amor e certamente deve ter deixado suas guilherminas brancas com este anjo, uma menina linda, uma criança sem rosto mas com alma que comparece ao cais do porto para ver se em seu inconsciente encontra uma lembrança que ela não lembra, uma imagem que ela nunca viu, uma herança que nunca recebeu...

Acho interessante colocar o poema:

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda...

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores...

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente —¡la frente
que más he amado en mi vida!...

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor
José Martí.