
La Libertad ¿De qué se trata la libertad en estos días? Nos creemos libres como si de hecho fuéramos. Víctimas de un mundo de comercio donde somos actores representando, al compás de la misma música, papeles de víctimas y villanos, de vendedores y compradores. En la misma obra teatral somos protagonistas de lo que algún maniqueísta dividió en bien y mal. Músicos de una orquesta donde creemos hacer la diferencia, guardar bajo la manga la nota perfecta, tener opinión en un lugar donde las opiniones son adecuadas y aceptadas si están de acuerdo con la mayoría. Un espiral de silencio profundo y feroz que no nos deja sobresalir por nuestros pareceres. Nos absorbe sin una gota de piedad. Libertad de qué si ni pensamiento tenemos. Los medios de comunicación nos imponen desde la moda hasta la forma de pensar; desde lo que debemos ser o anhelamos ser hasta lo que somos. Títeres de un mismo circo, actores de una pieza sin fin. Algún crítico puede decir que la televisión trasmite lo que al público le agrada, pues aun así somos esclavos de la mayoría, la clásica y única unidad de medida de los medios de masa. Hasta la muerte nos es impuesta de forma predeterminada. Morimos y ya está trazado nuestro “destino”. Seremos espíritu y tendremos dos opciones de morada: el paraíso o el infierno. Pero lo más interesante de todo eso es que le elección es echa en vida. Se supone que nos sabemos libres para tomar decisiones. No tenemos el derecho de pudrirnos en el suelo o irnos a otro planeta. O de ser energía que, con suerte, se transformará en materia en otra vida, en otro ser.
Ser libres, la mayor paradoja del siglo. La información y el estilo de vida occidental no admiten la libertad. Tenemos libertad para decidir entre las opciones que ya están presentes. ¿Y las otras opciones? Libres de qué si lo que más queremos es estar metidos en esta rosca en la que nos encontramos. Es que es más fácil. No exige esfuerzos. Basta seguir los modelos y las actitudes de la mayoría y listo. Cualquier forma libertaria es fuertemente criticada y condenada por el prójimo, aún cuando éste es tu compañero de celda. Y lo más triste: esta forma nueva e rebelde de expresión tendrá el mismo comportamiento preconceptuoso cuando pase a ser situación en la vida social de la gente. Las rejas serán el símbolo de este siglo. No lo serán los símbolos de la tecnología, que con una fuerza incalculable han entrado en nuestras vidas. Serán las rejas y detrás de ellas nosotros: rehenes de nuestra creación, de nuestra ambición y consumismo. Somos pobres porque mucho necesitamos y es en esa pobreza donde reside nuestra prisión.
A pesar de todo ello, aún es posible ver que atrás de las rejas se encuentra la esperanza. Los ojos de la esperanza. Este niño viste en sus ojos la libertad que todo pequeño ser guarda en su esencia. No sabe esperanza a qué, pero sabe que la necesita ahora y en el porvenir. Sabe que la esperanza es lo que lo mantendrá vivo y activo para pasar por esta prueba carnal. Detrás de las barras de hierro una Esperanza. Y como si fuera poco, sus ojos reflejan el brillo de la ingenuidad y la alegría consecuente de la inconsciencia que tenemos todos en nuestra temprana edad. Es nuestro retrato. Es la imagen antigua que vive en lo más profundo de nuestras almas y que no deja de estar presente siempre por más que a veces ese sentimiento y esa sensación sean tenues o se vean opacados por la presión externa. Siempre seremos, como este chico, hijos de la esperanza.

